¡ME SORPRENDIÓ LA VEJEZ!

El terror toca a mi puerta

Un buen día supe que era vieja.

Fue un despertar aterrador—al inicio—en ese instante, el darme cuenta de que los años de ostentar mi cuerpo juvenil y sonsacar piropos a derecha e izquierda llegaban a su fin.

A decir verdad, todavía no me resigno.

Ahora me llaman mujer madura, joven aún, doñita…mujer de experiencia…es de esperarse ya que todos le sacan el cuerpo a la “viejitud”. 🙂

Mi primer revuelo llegó al revisar el correo y encontrar mi nueva y reluciente tarjetita de Medicare….

¡OMG! ¡¿Qué cara—jo es esto?! ¡Si solo ayer recibía las cartas de mis galanes enamorados!

Bueno……quizá no fue exactamente ayer….

(Por si no lo sabias, todo ha cambiado y ya los galanes no escriben cartas…solo sextean y Tweeteretean…)

La tarjetita de Medicare me enfrentó al hecho de que pasaba ya la edad pico …! ouch!! Y sepan que 3 días después todavía sentía la depre…como le dije a mis amigas…

Proceso de descubrimiento

Ya recuperada, o más bien resignada, a ser una “mujer mayorcita” rebusqué en mi correo dos semanas después como de costumbre—y tranquilamente me dispuse a ver que bochinches familiares tenía o facturas al cobro.

Me llamó la atención una interesante revista bastante robusta con la portada de una elegante dama sesentona y muy sonriente.

Me acomodé a disfrutar la lectura, de no solo el artículo de la dama…que por cierto era uno relacionado a los cuidadores de personas con Alzheimer (el resto se me olvidó).

…también a echarle un ojo a unos pequeños audífonos que parecían interesantes para algún sordo que estuviese por ahí…

Sin darme cuenta me enfrasqué en la lectura y en poco tiempo había devorado hasta los anuncios.

¡Que revista tan interesante! ¡Regreso a la portada y para mi sorpresa y horror era la de AARP!

Solo una persona que llega a cierta edad lee toda una revista de la AARP… Sociedad de Personas Retiradas— alias los seniors— por si todavía no formas parte de esa demográfica.

Y como decir “retiro” para mi equivale a postrarse en rendimiento— moriré con las botas puestas y sin chistar…solo para que sepan…

Asimilación de lo inevitable

En menos de un mes dos enfrentamientos con el tiempo. Necesito digerir esto poco a poco…la antigüedad no me puede coger de cantazo…

Recuerdo que para mis 60 y pico de cumpleaños pensé, “Un año más…pues ni modo…podría ser peor…

—Podría ser una gallina en un gallinero destinada a ser decapitada para que alguien se disfrutara una cena un domingo en la tarde esperando una buena película en Netflix…disculpen, solo divagaba…

Decidí respirar profundo y salir a la playa…una buena caminata entre palmeras y arena aclara la mente y todo se coloca en su justa perspectiva.

Era un día nublado con mucha brisa y el fresco de noviembre se hacía sentir. A pesar del ruido de las olas rompientes y la alta marea los jóvenes gritaban de alegría luciendo sus duros y jóvenes cuerpos en diminutos bikinis, divirtiéndose en su esfuerzo por mantenerse a flote.

Ignoraron mi presencia y solo yo sabía que estaba allí, frente a ellos, en plena playa con un peludo abrigo y sombrilla en mano…esa selfi la titulé “Mujer Invisible” …pensé titularlo Chochez e Invisible pero no me dio el corazón…sé que ustedes me entienden.

El próximo capitulo…Adaptación 

Ya de regreso, después de experimentar ser, por primera vez, invisible ante los ojos de otros realicé que había llegado el momento de la verdad—la juventud de mi cuerpo había desaparecido sin darme cuenta y el proceso era irreversible.

Pasados ya varios meses y habiendo digerido la idea de mi nuevo grado de madurez puedo expresar mi pensar sobre este inevitable proceso de vida—libremente y sin reproches:

Que todavía no conozco a quien le encante convertirse en un clásico, pero decididamente tiene sus ventajas cuando se analiza detenidamente la situación.

La juventud de mi cuerpo desaparece mas la juventud de mi mente con sus ansias de descubrir nuevos horizontes continuará sin detenerse mientras tenga aliento y pueda ir a las bicicletadas…

Y como pueden apreciar, durante estos últimos meses y a duros golpes, entendí que:

Se añora la juventud cuando no se vive a plenitud el momento presente— y se desvirtúa por consiguiente esa etapa de vida que ha llegado para quedarse y para la cual no hay vuelta atrás.

Decidí pues, que envejecer no es lo mismo que ponerse viejo y que utilizaría todos mis momentos para disfrutar, educar y hacer una diferencia en la vida de otros que al fin y al cabo es lo que creo importante—y le da felicidad a mi corazón y propósito a mi vida.

Mis amigas doñitas, las invito a que hagan lo mismo…

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